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6 feb. 2014

Recomendaciones para los educadores.¿Cómo comunicar a los padres los problemas escolares de sus hijos?


José esta en tercer grado, ya está avanzado el año escolar y aun no logra sumar y restar, desconoce el abecedario, no hace dictados y como muchas veces no entiende las explicaciones de la clase, se distrae tirando papelitos a los compañeros, le hala el cabello a las niñas, y pasa toda la mañana deambulando en el salón, en el receso se pelea con niños de otras secciones y para colmo cuando la maestra le llama la atención le grita un par de palabrotas.  Esta maestra recibe a diario quejas de otros representantes sobre lo imposible del comportamiento de José y de cómo este afecta a sus hijos, solicitando o más bien “exigiendo” que deben solucionar el problema. Cuando se cita a los padres de José, estos reaccionan de forma muy negativa, negando que en casa se comporte igual, y la maestra recibe lo mismo de los padres que del niño: “unas palabras negativas”.

También sucede todo lo contrario, va la madre preocupada a  buscar todos los días a Marisela al colegio, y la maestra la espera en la puerta para quejarse de forma muy enfática de todo “lo que no hace” dentro de la escuela, casi que imponiéndole “que se la lleve del colegio porque ya no la aguanta más”. La pobre y descorazonada madre de Marisela se siente atada de brazos pues ni ella misma sabe qué hacer, y se siente abochornada de ir a la institución, pues todo el mundo escucha cuando la docente se queja.

El educador tiene la significativa tarea de enseñar y educar a sus alumnos, esto requiere de una serie de habilidades, estrategias didácticas y de evaluación que amerita el buen desarrollo de la comunicación. Si, el 80% del aprendizaje efectivo requiere de excelentes cualidades de comunicación, por lo que para trasmitir la información un buen docente debe preocuparse en sus habilidades orales y sobre todo en su desarrollo personal para lograr ser un profesional coherente, humanista, paciente y que siempre tenga presente la calidad humana y el interés superior del niño(a).

Para comunicar a los padres las situaciones difíciles siempre resultar beneficioso reunirse con los padres sin la compañía del niño. Las reuniones deberán programarse a una hora conveniente para los padres y entendiéndose que la conversación podrá continuarse en otra reunión. Los participantes tendrán mejor disposición para interactuar cuando todos: se sientan en sillas igualmente cómodas; se encuentran al mismo nivel visual; se ubican a una distancia adecuada para conversar y pueden tomar notas cómodamente. Por lo tanto, puede resultar apropiado habilitar un salón o un área donde reunirse, con un escritorio o una mesa y con sillas tamaño adulto. El contar con un sitio apartado ofrece mayor privacidad y previene las interrupciones. Para incluir a los padres, puede requerirse una invitación especial, contrarrestando así los estereotipos relacionados con la no participación de los papás y a la vez comunicando que papá ocupa un rol importante.

El deber de comunicar que un niño tiene un “problema” es una responsabilidad retadora. No es posible hacer que las noticias tristes parezcan buenas. Alternativamente, los educadores pueden brindar a los padres una oportunidad para iniciar el difícil proceso de duelo por la pérdida del hijo “perfecto” que esperaban y para proceder con la labor de cuidarlo. Para algunos docentes, la comunicación de malas noticias es una tarea relativamente rutinaria en contraste, para los padres, el momento de conocer la condición de su hijo será una experiencia inolvidable, revivida dolorosamente una y otra vez en años venideros. Esa reunión puede influenciar la forma en que los padres perciban a los profesionales a futuro.

En vista al impacto emocional de esta reunión, tanto directivos como educadores deberán abordarla con compasión y comprendiendo que dispensar malas noticias adecuadamente toma tiempo. Se requiere una conversación detallada, con todos sentados, utilizando un lenguaje comprensible.

Al proceder con cuidado, presentando la información paulatinamente, se estará tomando en cuenta el estado de shock y angustia de los padres.

El momento para comenzar a preparar a los padres sería mientras leen el informe de incidentes (o como se conoce en la zona “el informe pedagógico”), en esa reunión inicial previa a la evaluación donde se revisan los datos que se conocen sobre el niño. La reunión donde se comunicará la información difícil podría iniciarse con una revisión de las observaciones de los padres y de sus preocupaciones. Seguidamente, se comentarían las observaciones de los educadores, confirmando o aclarando las de los padres. Entonces, el educador puede proseguir gradualmente con su registro anecdótico y respectivo informe pedagógico que debe entregar a el padre para buscar al especialista recomendado, guiando así a la familia “dentro” del cuerpo de su hijo para explicarles la relación entre los procesos internos y los comportamientos observables, en lenguaje
comprensible.

Conversando abiertamente sobre el diagnóstico, los padres y los profesionales pueden comentar posibles problemas futuros y la forma de afrontarlos. Además, el conocimiento de los términos diagnósticos ofrece a los padres acceso a material educativo y a los grupos de apoyo que usualmente se organizan en torno a los diversos diagnósticos.  Los profesionales deben tomarse un tiempo para escuchar las reacciones de los padres, sus preocupaciones y temores, validando sus preocupaciones y ofreciendo explicaciones adicionales de ser necesario. Un buen docente estará dispuesto a suministrar toda la información que solicite el especialista (bien sea asistiendo a una entrevista, o llenando un cuestionario de forma veras) y cumplirá con la mayor responsabilidad las sugerencias emitidas para garantizar una verdadera educación inclusiva.

Bajo ningún concepto un educador puede dar “diagnósticos”, “exigir evaluaciones de tal o cual profesional”, “imponer medicaciones, dietas o  terapias”, y mucho menos negarse a cumplir con las recomendaciones del profesional escogido por los padres. Su función es cooperar y apoyar tanto al escolar como a la familia siguiendo con responsabilidad  dichas sugerencias. Al igual que, si el niño necesita tener una dieta especial, o tomar un medicamento dentro de la hora escolar, el docente no puede negarse a facilitárselo. Cumplir con el principio de confidencialidad y respeto a la integridad que merece todo niño y niña (LOPNA arti.29, 56 ,65) evitara que ocurran situaciones que lesionen las relaciones entre padres y docentes

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