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Edades de 8 a 16 años

4 jun. 2013

Otra vez con bajas calificaciones.¿Por qué mi hijo tiene bajo rendimiento académico?

 Se aproxima la culminación del 3er lapso para los chicos de secundaria, al igual que faltan pocos días para culminar los proyectos de aula de primaria, y la ansiedad empieza a hacer presa a las madres y los padres que saben que durante estos 10 meses de clases, los chicos no alcanzan un desempeño esperado para el grado escolar. Estrategias de último momento, como llevarlos a tareas dirigidas, profesores particulares, sentarse con ellos a estudiar, castigarles quitándole la computadora, el celular, las salidas, amenazarlos o sobornarlos con premios si aprueban “aunque sea con 10” , son acciones que , lamentablemente se convierten en hábitos de “último momento” para lograr que se apruebe a toda costa. Lamentablemente educar a los niños y adolescentes para que rindan tan poco o sean tan inconstantes, solo logra a la larga un cumulo de estudiantes mediocres y futuros profesionales que no se esmeren en hacer las cosas, sin “una amenaza, o una ayudita de por medio”.
Las causas del mal rendimiento escolar suelen ser múltiples. Desde factores internos de tipo genético o la propia motivación del niño a acudir a clase, a condicionantes ambientales como el entorno socio-cultural o el ambiente emocional de la familia. Es un problema complejo ya que cada niño es un caso peculiar con sus propios ritmos de aprendizaje, sus puntos fuertes y débiles. Algunos necesitan más tiempo para integrar la información, otros son más rápidos. Los hay con serios problema para trabajar en actividades que requieren procesar información de forma secuencial (lectura, matemáticas...), mientras que otros las tienen cuando la información es presentada simultáneamente y dependen de la discriminación visual.
Evidentemente no tenemos un sistema de enseñanza personalizado a las necesidades de cada niño (a pesar de que la Ley Orgánica de Educación en articulo 14 lo indica, la realidad es que pocos son los docentes y profesores que lo cumplen). Más bien al contrario, es el niño quien debe ajustarse al ritmo que marcan los objetivos curriculares y estos no saben de diferencias individuales. Pese a que se suelen hacer esfuerzos con adaptaciones curriculares, no siempre todos los niños, especialmente aquellos que están en el límite pueden recibir la atención individualizada que necesitan.
Es importante señalar que, con cierta frecuencia, los retrasos del aprendizaje en los primeros años de escolarización suelen ser minimizados bajo el pretexto que el niño ya los irá asumiendo (lectura, escritura, etc..). Ciertamente, ya se ha dicho, que cada niño tiene su propio ritmo, pero no afrontar el problema desde inicio nos puede llevar a lamentar después la pérdida de un tiempo precioso. 
Actualmente se habla de Trastornos Específicos del Aprendizaje para designar un conjunto de síntomas que provocan una disminución significativa en el rendimiento escolar de los niños que lo padecen. Trastornos como los de la lectura (dislexia), de la escritura (disgrafía) o de cálculo(discalcúlia) se dan en niños con un Coeficiente Intelectual dentro de la normalidad pero que cursan con grandes dificultades al fallar en procesos concretos y que se esconden tras un bajo rendimiento académico. El bajo rendimiento académico también pueden ser consecuencia o ir acompañados, agravando el problema, de trastornos con implicaciones conductuales cómo el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad). En este caso los niños que lo padecen, pueden presentar, curiosamente, un nivel de inteligencia medio o incluso mayor que la media de su edad, es decir, disponen de un buen potencial pero no desarrollan normalmente el aprendizaje debido a los déficits específicos en la atención o control de los impulsos. Todos estos aspectos deben ser evaluados antes de trazar un plan de intervención.
Cuando los problemas aparecen en un momento dado de la escolarización, se puede hipotetizar con la presencia eventual de factores emocionales que están condicionando negativamente el aprendizaje (separación padres, pérdidas, cambio de escuela...). Por el contrario, cuando el retraso es acumulativo y ya se puso de manifiesto en las primeras etapas, hay que analizar con detalle la historia evolutiva y evitar dejarlo año tras año con las mismas dificultades. Pese a que cada niño sigue su propio ritmo, los retrasos de ciertos aprendizajes en los primeros años suelen anticipar un mayor riesgo de problemas en la etapa escolar. Como regla general: Cuanto antes se evalúe y se intervenga para corregirlos, mejor será el pronóstico. Hay que insistir en la necesidad de efectuar una buena evaluación psicopedagógica, tan pronto se detectan signos o síntomas de que un niño o niña presenta dificultades en algún área. Hoy en día disponemos de pruebas de evaluación suficientemente contrastadas para efectuar una exploración del bajo rendimiento académico y sacar las pertinentes conclusiones. Ello nos dará una idea muy aproximada del nivel de funcionamiento del niño respecto a los demás niños de su misma edad.
Evita llevar año tras año a tu hijo al último recurso para que apruebe el año escolar, planifica con tiempo las ayudas de las cuales necesita y solicita atención especializada para evitar que sea a último momento que recibas la mala noticia de “que no podrá aprobar el curso” por sus dificultades de aprendizaje.


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