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23 abr. 2013

¿Está bien dejar dormir a los hijos en la cama de papá y mamá?




¡Dormir es muy placentero! El sueño es un hábito importante para un desarrollo sano de los niños y niñas; y por lo tanto este debe estar amparado con buenas costumbres desde la más temprana edad. Por algunas circunstancias, algunos niños duermen junto a sus padres desde que son bebés. Esta costumbre, muy arraigada desde el siglo XIX, está comprobado que ayuda a desarrollar el vínculo del bebé con sus padres y que los pequeños que duermen con ellos , amamantan  un tercio de tiempo más que los demás bebés que se les acostumbra dormir solos, trayendo beneficios para su salud a largo plazo. Esta costumbre implementada durante los primeros meses de vida puede ser un hábito natural. ¿Pero qué sucede con el niño o niña que pasado el primer año de vida aun sigue durmiendo en la cama de papi y mami?.
En EE UU los pediatras Ferber y Lozoff han estudiado a fondo el llamado co-sleeping: cuando el niño duerme con alguien del entorno hogareño (padres, hermanos, abuelos, niñera). Investigaciones realizadas por estos autores en las décadas de 1980 y 1990 revelan que dormir con los niños no les beneficia.
Como indica el Dr. Peraita, el sueño es un periodo de gran actividad de la corteza cerebral y durante su transcurso se segregan hormonas como la del crecimiento, el cortisol o la melatonina. Un sueño adecuado en cantidad y calidad es fundamental para un desarrollo sano en los niños. Entre otros trastornos, la alteraciones del sueño podrían comprometer la segregación de la hormona del crecimiento y condicionar la talla, situación que sucede cuando el niño duerme en la misma cama con un adulto. "El niño debe tener su propio espacio vital también para dormir y descansar. Necesita ciertas condiciones de aislamiento, lumínicas, térmicas y acústicas que le ayuden a conciliar el sueño. Todo lo que sea perturbador de su sueño, como los ronquidos o los contactos por movimientos al compartir la cama, pueden favorecer con el tiempo la aparición de trastornos del sueño, sobre todo insomnio. Incluso la costumbre de que el niño duerma con los mayores puede propiciar la práctica de abusos sexuales a los menores", afirma Peraita.
Entre los tres y los cinco años los niños pueden sufrir pesadillas y terrores nocturnos. Este hecho forma parte de su paulatino descubrimiento del mundo y de su maduración emocional. A juicio de  la Dra Mardomingo , Psiquiatra Infantil , no hay que infravalorar el sufrimiento que esto causa en el niño. Es necesario escucharle, tranquilizarle, hacer que se sienta comprendido y apoyado, pero mostrar firmeza para que siga durmiendo en su cama. Cualquier acontecimiento vital que para ellos sea traumático puede generar miedo a dormir solos, ya sea por temor a la oscuridad, a que aparezcan monstruos, a los ruidos. Y este temor se traduce en un estado de ansiedad y angustia que representa un gran sufrimiento para el pequeño. En estos casos, hablamos de una reacción de estrés postraumático que perturba el sueño. Es frecuente hallar estas conductas cuando los niños han vivido catástrofes naturales y accidentes o cuando han presenciado actos de violencia, o han sufrido la pérdida de un ser querido. También los problemas en el colegio pueden conducir a serias alteraciones del sueño y al miedo a dormir solo". Escuchar al niño e indagar la causa es la primera actitud que han de adoptar los adultos y, si la situación se perpetúa y altera notablemente la calidad de vida del pequeño, tal vez sea necesario consultar con un profesional, pero jamás debe ser justificativo para que el niño se “instale de nuevo en la cama de los padres”.
¡Debe evitarse dormir con los hijos!; este consejo tiene sus razones. Proviene de la investigación psicoanalítica, que descubrió que la sexualidad humana existe desde el nacimiento y que el niño está habitado por fantasías sexuales dirigidas a los propios padres. Dormir con los padres, entonces, puede producir un exceso de excitación en los chicos que dificultaría la autorregulación de sus impulsos. Este exceso puede expresarse en un aumento de irritabilidad y de descarga corporal que muchas veces puede perturbar el logro de ritmos de alimentación, de sueño, y de aceptación de límites en la vida cotidiana. De aceptar mantener este mal habito, podría crearse un nivel de dependencia o la necesidad de la presencia de los padres para dormir siempre. También los niños podrían correr el riesgo de ser en el futuro personas inseguras, reprimidas e indefensas, afectando el desarrollo de la autonomía.
En este siglo XXI, donde como padres tenemos el compromiso de crear seres independientes, responsables y orientados al logro, es necesario considerar de una vez por todas dejar que cada miembro de la familia tenga su espacio personal y cree su propio ambiente del cual deberá hacerse cargo, como un modo de enseñar la responsabilidad y el cuidado de las pertenencias propias. Vale la pena “exiliar a los hijos de la cama”, a fin de criar adultos seguros.

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