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Edades de 8 a 16 años

30 ago. 2011

¿Por qué mi hijo no me hace caso?

¡Cuántas madres soñamos con tener unos hijos educados, obedientes, amables, que sean ordenados, y que nos apoyen en las labores cotidianas! ¡Cuántos padres soñamos con unos hijos responsables, productivos, respetuosos, independientes y que nos llenen de orgullo con sus talentos y éxitos!

De los sueños a la realidad hay un camino, que como seres humanos tenemos la capacidad de transformar, para que la actitud de tu hijo no sea cosa de sueños imposibles, es necesario que siempre mantengas una buena comunicación con él para que puedas influenciar de forma positiva el desarrollo de la personalidad.

Que los niños nazcan y crezcan en una familia tiene una enorme importancia en su desarrollo y los padres tienen la responsabilidad de asumir nuevas funciones para asegurar que su hijo se desarrolle de forma plena en el seno de su familia.

La familia es el marco principal donde el niño va a ir creando la imagen de sí mismo, su autoconcepto, y donde va estableciendo la valoración positiva o negativa de sí mismo, es decir, su autoestima. El lograr un marco donde el niño pueda generar una imagen personal de sí mismo y una autoestima positiva es un aspecto fundamental de la tarea que tienen que asumir los padres para poder ser una figura positiva de autoridad. Relacionado con el desarrollo del autoconcepto está el desarrollo de la personalidad. La familia es el primer escenario en el que el niño va relacionarse con otros miembros de su especie y por lo tanto, donde va a desarrollar un estilo de comportamiento determinado, por lo que hacer una revisión de los comportamientos negativos que tienen nuestros hijos amerita también una honesta evaluación de los modelos de conducta de los mayores. La familia va a ser el primer elemento de transmisión de los valores de nuestra cultura, los valores y los principios éticos de los padres van a ser la base de la socialización del niño en una cultura determinada con unas determinadas costumbres. La responsabilidad, el respeto a los demás, la constancia y la perseverancia, el hábito de ser ordenados y colaborar con las labores hogareñas se aprende dentro de la familia. El mejor modo de enseñarlo es a través del ejemplo, y la comunicación.

Para el desarrollo emocional, la familia supone para el hijo, el apoyo seguro donde experimentar e ir aprendiendo a ser persona. El apego y los vínculos emocionales padres e hijos son el elemento clave que asegure el bienestar psicológico y emocional del niño. Teniendo una base segura, el niño puede afrontar las situaciones nuevas que la vida le va a ir ofreciendo, construyendo su autoconcepto, sus propios principios éticos y su personalidad.

Transformarnos en un modelo de autoridad positivo, que infunda respeto y obediencia requiere que como padres, tengamos claro que nuestra actitud, lenguaje, modo de relacionarnos con los demás y valores son esenciales para lograr en nuestros hijos el deseo de obedecernos. Atrás quedo el modelo del padre opresivo y dominante, que con correa en mano formaba adultos prósperos para la sociedad. Actualmente quien usa ese elemento en los hijos, solo lograra obediencia mientras los mismos sean pequeños, y solo por unos cortos momentos, pues maltrato físico no enseña, no en vano las nuevas generaciones son capaces de enfrentar y desautorizar a los padres frente a quien sea , cuando los mismos intentan con medios opresivos corregirlos. De allí, que con frustración los mismos se pregunten cómo pueden corregirlos.

El respeto por opresión no es una buena técnica, los chicos necesitan “respeto por admiración”. La gran mayoría de adolescentes que he entrevistado , concuerdan en que necesitan sentir admiración por sus padres para poder respetarlos y escuchar sus consejos, muchos de ellos no ven a sus padres como modelos a seguir , y cuestionan su autoridad basados en su desempeño en la vida cotidiana.

Un padre con vicios (alcohólico, drogodependiente, mujeriego), agresivo, con lenguaje grosero, que no cumple con las necesidades de los miembros de la familia, que no se lleve bien con la madre y que no comparta tiempo con los hijos (esparcimiento), jamás será una autoridad positiva que inspire respeto. Una madre maltratadora, negativa, quejumbrosa, grosera, conflictiva, sobreprotectora, con vicios, sermoneona, que tampoco se dedique a escuchar lo que sientes sus hijos (opiniones personales sin juzgar), tampoco por modelo influenciara el respeto por admiración. Así que hay que hacer todo lo contrario para estimular en los hijos la comunicación y la obediencia.

Corregirnos primero como padres es una sabia tarea, para luego influenciar positivamente a los hijos. También ayuda el expresar de forma clara y calmada cuales son las conductas que se esperan en el hogar que cumplan cada miembro de la familia. Asignarles desde pequeño labores sencillas que puedan cumplir, recalcar lo orgullosos que nos sentimos por sus éxitos y enfocarnos en las actitudes positivas de nuestros hijos, facilitara que ellos estén más dispuestos a escucharnos y obedecernos. La familia la construyen ambos padres, por lo que debe evitarse dejar esta responsabilidad solo a uno, y jamás debe desautorizarse ante los hijos las correcciones de alguno.

El dialogo, ser un modelo positivo, tener normas claras en el hogar, involucrarnos en la construcción de las normas familiares y ser consecuentes con las correcciones, facilitara que tu hijo pueda tener los valores y actitudes que deseas. Pero recuerda que el trabajo de educarlos es una carrera de tiempo y perseverancia, no de velocidad.



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