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1 ago. 2011

Lentos, perezosos, e inconstantes.¿Cómo vivir con un hijo con Déficit de Atención?

La vida diaria de este siglo es muy activa. No en vano la mayoría de las personas al llegar la noche nos preguntamos ¿en que invertí el día? “Paso volando”, revisando el listado de tareas que debemos cumplir. Lo mismo sucede con los meses y los años: “corren a un ritmo vertiginoso”.

Pero dentro de la diversidad de las personas, existen seres que viven a tiempo lento, no tienen noción de fechas, horas, escasamente se organizan, tienden a olvidarlo todo, y necesita que literalmente “los empujen” para que logren sus trabajos. ¡Así más o menos es el día de un adulto con Déficit de Atención!

En Psicología el “déficit” denota carencia o ausencia de habilidades, destrezas y capacidades, relacionadas a un área determinada del funcionamiento del individuo. Operacionalmente el déficit de atención es la ausencia, carencia o insuficiencia de las actividades de orientación, selección y mantenimiento de la atención, así como la deficiencia del control y de su participación con otros procesos psicológicos, con sus consecuencias específicas. Desde el punto de vista neurológico, se asume que el Déficit de atención es un trastorno de la función cerebral en niños, adolescentes y adultos, caracterizados por la presencia persistente de síntomas comportamentales y cognoscitivos como la deficiencia atencional, la hiperactividad y la impulsividad.

Dentro de las clasificaciones que se le atribuyen actualmente a el déficit atencional, la hiperactividad e impulsividad son las más populares, una madre desesperada porque su hijo es un “motor incansable”, es más preocupada en buscar soluciones, que quizás la que tuvo un bebe “que siempre está tranquilo”, y por ende “siempre se porta bien”, porque no hace ruido y no se levanta del asiento.

El problema se evidencia cuando el niño inicia la vida escolar, entonces la madre empieza a recibir las quejas de que el escolar no se integra al grupo, no participa en los temas de la escuela, no termina de copiar las clases, parece que siempre estuviera con sueño y cansado, se la pasa soñando despierto, por lo que pasa a ser “el vago” o “flojo del salón”. En casa se observa que no tiene interés en efectuar sus tareas, las efectúa desordenadas o sucias y con demasiada lentitud, olvida dar recados del colegio a los padres, presenta dificultad para ubicarse en los días y meses del año, y siempre “se excusa” con las frases: “se me olvido”. A menudo parecen tener la mente en otro lugar, como si no escucharan o no oyeran lo que se está diciendo. Estos sujetos suelen tener dificultades para organizar tareas y actividades, y evitan o experimentan un fuerte disgusto hacia las tareas que exigen una dedicación personal y un esfuerzo mental sostenidos o que implican exigencias organizativas o una notable concentración (por lo que aborrecen hacer las tareas escolares). Los hábitos de trabajo suelen estar desorganizados y los materiales necesarios para realizarlos acostumbran a estar dispersos, perdidos o tratados sin cuidado y deteriorados, se distraen con facilidad ante estímulos irrelevantes e interrumpen frecuentemente las tareas que están realizando para atender a ruidos o hechos triviales que usualmente son ignorados sin problemas por los demás.

Debido a que el déficit atencional tiene un origen neuroconductual, es esencial descartar en primera mano, que esa “evidente flojera” o “falta de madurez” como algunos le etiquetan ,este generando esa conducta en nuestros hijos , de manos de un neurólogo o psiquiatra, quien presenta las competencias para otorgar dicho diagnostico.

La gran mayoría de los estudiantes con déficit de atención presentan bajo rendimiento académico, por lo que necesitan durante etapas claves de la vida escolar (1er grado, 3er grado, 6to grado, 1er año de secundaria, 3er año de secundaria, 5to año y el 1er año de la universidad) atención psicopedagógica especializada, quien le brindara herramientas útiles para compensar los procesos que puedan estar en déficit, y que le impidan alcanzar el éxito académico. Por lo que se necesita que la familia le facilite este tipo de atenciones.

En los casos más severos, la persona siempre necesitara contar con la ayuda de un familiar quien le ayude a organizar conscientemente sus actividades, y mantenerse al día. Por lo que a veces llega a ser extenuante, sobre todo en la etapa de la adolescencia, donde se mezclan las características propias de la edad, con las del déficit. ¡La familia debe buscar orientación!, por lo que ahora, ante una sugerencia escolar de flojera, lentitud, desmotivación o inmadurez (como muchas veces lo confunden), solicite la atención de un especialista quien le facilitara las recomendaciones más adecuadas para sobrellevar a un hijo con déficit de atención en la familia.

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