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30 de mar. de 2011

¡No copia! ¡No participa! ¡No acata órdenes! ¡No quiere ir al colegio! ¿Cómo motivar a los niños al estudio?

Las frases expresadas al inicio del título son comunes en algunos padres que observan con preocupación cómo sus hijos dentro del ambiente escolar no rinden de la misma manera como lo hacen en casa o en tareas dirigidas. Esta preocupación aumenta cuando, de visita por el aula de clases la docente manifiesta un listado de conductas negativas, razón por la cual sugiere un “cambio de ambiente “o una evaluación especializada.

Si bien, muchas de estas características pudieran ir asociadas a algún problema de aprendizaje o de conducta que requieren intervención, hay que tener presente que un niño con esta clase de problemas se comportara de la misma forma tanto en el ambiente escolar, como en el familiar.

Si no es así, podríamos estar enfrentándonos a un ambiente escolar que esté trabajando en contra del aprendizaje del niño y un docente (que sin tener la intención de hacerlo) es un gran sugestionador negativo. No podemos seguir atribuyéndoles la culpa de que un estudiante no copie, no participe, no entregue las asignaciones y no se interese por las clases a los padres. Las conductas que aparezcan en el ambiente escolar son responsabilidad del promotor de los aprendizajes, por ende de nada sirve que coloquemos en los cuadernos de nuestros niños las clásicas notas: “hable con el niño porque no quiere hacer la tarea en clases”.

La obligación del ambiente familiar consiste en hacer que los niños tengan todos sus útiles, vayan pulcros al colegio, lleven su merienda, realicen las tareas asignadas para la casa, refuercen los contenidos dados durante el día, lleguen puntuales al colegio y estudien para sus pruebas. Al igual que mantener pagos las mensualidades (si es privado), asistir a las citaciones escolares puntualmente y mantener una actitud de educación dentro del ambiente escolar, tanto con la imagen y con el trato al personal. Demás esta enfatizar, que debe propiciarse un ambiente familiar estable y rico emocionalmente para el desarrollo afectivo, los valores y las relaciones con otros.

Si la situación es generalizada, y no es solo un estudiante quien presenta dichas conductas, es el colegio quien debe reflexionar sobre este tipo de conductas y hacer los ajustes pensando en el ambiente físico (el aula), la relación entre el docente y el estudiante, las técnicas de enseñanza y aprendizaje y los métodos para estimular la motivación.

Considerando que, para que una persona preste atención a un contenido, este debe ser significativo, interesante, importante, aplicable y acompañado de una emoción intensa, y que en ausencia de esto la información presentada ni siquiera llegara a la corteza cerebral de nuestros oyentes , y que la gran parte de nuestra eficiencia está influenciada por nuestro estado emocional, por lo que para el logro de dicho aprendizaje y la demostración del mismo debe tener la persona un estado de ánimo positivo , optimista , relajado, que actúa facilitando la labor del cerebro, debemos reflexionar si nosotros como docentes tenemos esa calidad de ambiente en nuestra aula a la hora de enseñar.

Si nuestro salón es un desastre, desorganizado, si nuestras clases son monótonas, alejadas de la actualidad, con pizarrones atestados de letras sin significado, si nuestro carácter es negativo, autoritario, e insultante, si estamos acostumbrados a resaltar las cualidades negativas de todos, si usamos mucho las expresiones “tu NO entiendes” “tú NO sabes”, “tu No respetas”, tu “nunca”, o tu siempre haciendo la gracias, tu NO; NO; NO, o puedes dar más. Créame profesor que aunque usted no lo esté haciendo de forma consciente, usted es el responsable de esas conductas negativas.

La interacción entre el maestro y sus alumnos es un factor muy importante para el logro de los objetivos. Para que sea exitosa esta debe tener tres cualidades, primero: cada persona debe sentirse respetada y tratada adecuadamente, segundo: la gente debe obtener de esa interacción lo que espera de ambas partes y tercero: cada experiencia debe dar la sensación de complemento y de logro.

Tratar a nuestros estudiantes con el respeto que se merecen, fomenta respeto, ser un líder positivo y destacar siempre los aspectos positivos en un estudiantes, antes que los negativos, estimula al aprendizaje, tener unas expectativas saludables y positivas de nuestros estudiantes, da como resultados buen rendimiento en las actividades, y presentar las actividades de la forma más creativa posible, con ocasiones para experimentar, descubrir, construir y debatir logran que ninguna clase se quede sin copiar. La voz del docente debe ser positiva, estimulante, la actitud debe ser amistosa, comprensiva, respetuosa, siempre resaltando el SI, tú puedes, SI es fácil, SI me entiendes, SI quedo muy bien, SI estas mejorando, SI estoy orgullosa de ti.

Un salón de clases con aprendizaje efectivo luce brillante, alegre y cómodo. Hay que enriquecer las clases con estímulos externos, tales como carteles decorativos, visitas guiadas, películas, viajes, dramatizaciones. Debemos incluir la tecnología en nuestras clases, preparémonos con contenido actualizado y relevante, la planeación estratégica de una lección incrementa dramáticamente las posibilidades de coherencia, estructura e interés, que generan satisfacción al vivir la experiencia y por ende se logra el aprendizaje.

Un alumno que no copia, que expresa que no quiere ir a clases, que no está motivado para aprender es un indicador que debe llevar al docente inteligente a reflexionar sobre sus actitudes, sus estrategias pedagógicas, su ambiente escolar y su relación con el estudiante. Si una vez realizados los ajustes persisten tales situaciones, entonces si es buen momento para solicitar la intervención de un especialista tanto para abordarte a ti, como al niño.