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29 dic. 2010

¡Papá no quiero ir al colegio! ¿Cómo abordar la fobia escolar?

Iniciar la vida escolar supone un cambio trascendental en la vida de todo ser humano, adaptarse a estar en un ambiente desconocido a nuestro hogar, desprendernos de la protección de la familia e interactuar con otros compañeros de la misma edad , y adultos desconocidos genera ansiedad y temor en la persona, por lo que es común y normal que durante la primera semana se presenten “llantos”, “quejas”, “dolores de barriga”, “de cabeza” y cualquier escusa que pueda servir para apartarnos de la experiencia de asistir a diario a este nuevo ambiente.



Si la situación se presenta durante las primeras semanas de clases, es totalmente normal, éste no es más que un periodo de adaptación que suele acabar en cuanto el niño se habitúa a las nuevas actividades y acepta, gracias al apoyo de los padres y docentes, que está comenzando una nueva etapa en la que va a descubrir cosas nuevas y divertidas. Sin embargo, hay un pequeño porcentaje de niños que sufren algo más grave que un breve periodo de adaptación, convirtiendo su rechazo a acudir al colegio en una verdadera fobia.



Las fobias escolares son una forma de miedo desproporcionado a la situación que lo desencadena y están relacionadas con estímulos que no son objetivamente peligrosos. Pero, además, no pueden ser eliminadas racionalmente porque están más allá del control voluntario, tienen una duración larga, e interfieren de modo considerable en la vida cotidiana del niño. Es un síndrome que se caracteriza por un manifiesto rechazo a la asistencia a la escuela e implica un temor irracional por alguna situación particular. Los síntomas suelen ser dolor abdominal, náusea, vómito, diarrea, dolor de cabeza, palidez y debilidad. Éstos aparecen por la mañana antes de ir al colegio y, por lo general, desaparecen antes de que terminen las clases. Además, nunca aparecen los fines de semana ni días festivos. La Fobia escolar es un trastorno poco común que tiende a darse con más frecuencia entre los 3 y 4 años, o entre los 11 y 12 años, y afecta a más niños que niñas. Su aparición en los más pequeños es repentina, mientras que en mayores y adolescentes surge de forma más gradual, y es de carácter más intenso y grave.



Esta fobia al colegio suelen desarrollarla niños ansiosos o tímidos, y aquellos que son muy dependientes, con madres autoritarias o muy complacientes y padres pasivos. Estas madres frecuentemente sienten temor a que su hijo se aleje de ellas y le transmiten su ansiedad. Por ello, a medida que el niño se angustie más por ir a la escuela, más se preocupará la madre por su miedo y así se generará un círculo vicioso, donde la ansiedad de la madre afecta al hijo y viceversa, empeorando los síntomas de separación. Así, los niños que tienen más predisposición a padecer este trastorno son aquellos que no han salido de casa, es decir, que no han asistido a guarderías o jardines de infancia, y nunca se han separado de los padres.



También puede contribuir a este temor, ambientes escolares poco iluminados y carente de estímulos visuales infantiles (carteleras coloridas, personajes decorativos con colores llamativos, juguetes, bibliotecas, etc), docentes con actitud hostil y distante, cuya forma de abordar a los estudiantes sea a través del grito, insulto o descalificación, castigos físicos (pellizcos, golpes, mordiscos, reglazos, o encierro en el baño o armario) aplicados dentro de la institución, o un mal manejo de la disciplina, donde las autoridades no controlen las conductas agresivas entre estudiantes o no garanticen su seguridad dentro y a los alrededores del instituto.



Pero ¿qué se puede hacer en esta situación?, en primer lugar averigua con tu hijo la razón por la cual no quiere ir al colegio, hay que descubrir los motivos, para ello lo recomendable es que los padres hablen con él e intenten que éste les hable sobre el origen de su temor, escúchelo atentamente y sin prejuicio, así será más fácil ponerle remedio. En cualquier caso, no hay que ceder al chantaje.

El niño no puede quedarse en casa si no existe una razón justificada, por lo que hay que llevarlo a la escuela. Si se hace cumplir la regla de la asistencia diaria a la escuela, el problema de la fobia escolar mejorará en forma notable en una o dos semanas. Cuando el niño se alborota al separarse de los padres, la mejor estrategia es informarle, calmadamente, que el padre/ madre regresará y que el niño tiene que quedarse, entonces debe irse rápido. Una separación firme, rápida y con cariño es mejor tanto para los padres como para el niño.



Lo mejor es que uno de los padres lo acompaña hasta la clase, e incluso permanezca allí un breve período de tiempo. También puede ser beneficioso, en algunos casos, y de acuerdo con los profesores, modificar el horario de la escuela para que el niño pase, al principio, menos tiempo en ella, hasta que poco a poco se vaya acostumbrado y consiga integrarse con los demás compañeros. Puede ocurrir, con algunos niños, que sea necesario cambiar de maestro o, incluso, de colegio, si las causas son por el trato de la docente o el ambiente escolar. Evite mantener a un chico en un aula con una docente que no propicie la adaptación y que no genere empatía con el niño, pues a la larga puede contribuir a que este exprese durante el año un bajo rendimiento académico.



Es imprescindible establecer una rutina, se trata de conseguir que todo se convierta en un hábito y se realice casi de forma automática de modo que al niño apenas le dé tiempo para pensar en su miedo. Es muy importante que los padres se interesen por las actividades que realiza su hijo cada día en clase, preguntándoles, reforzándoles, y haciendo que se ilusionen con los acontecimientos del colegio. Además, les pueden animar a que inviten a casa a compañeros de clase, participar en actividades organizadas por el colegio, etc.



Si a pesar de estos concejos, tu hijo continúa presentando las mismas conductas antes de ir al colegio, es necesario que abordes a un especialista que pueda ayudarte a identificar el origen de la fobia y organizar un plan a favor de estimular la adaptación escolar. La ayuda especializada siempre será la mejor herramienta para la crianza eficiente de los hijos.

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